La gracia que nos transforma
Gracia es quizás la palabra más hermosa del vocabulario cristiano. No porque suene bien, sino porque apunta a una realidad asombrosa: que Dios da con generosidad sin que lo merezcamos, sin esperar retribución, por puro amor.
El apóstol Pablo, quien se describía a sí mismo como el peor de los pecadores, experimentó esa gracia de manera tan radical que dedicó su vida a proclamarla. "Por la gracia de Dios soy lo que soy", escribió. La gracia no lo dejó igual: lo transformó.
A veces malentendemos la gracia como una especie de amnistía sin consecuencias. Pero Pablo también dijo "¿Qué, pues, diremos? ¿Continuaremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera!" La gracia genuina produce gratitud, y la gratitud produce cambio de vida.